
Sola. Muy sola. Demasiado sola. Una vez más y sin explicaciones. Nunca hay explicaciones. Después de los besos, el príncipe – una vez más – se convirtió en rana.
Cansada, aburrida, triste y melancólica. Haciendo zapping entre una catarata de imágenes de de programas basura.
Pensando en todo. Pensando en nada.
Fue entonces cuando lo vi. Asomando sus pequeños y oscuros ojos por debajo del mueble bar, tanteando la situación. Me asusté. No. Me sorprendí.
Yo debería estar sola. Muy sola.
Que texto tan triste
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