10 / 05 / 2010

jueves, 13 de agosto de 2009

Soledad

Sola. Muy sola. Demasiado sola. Una vez más y sin explicaciones. Nunca hay explicaciones. Después de los besos, el príncipe – una vez más – se convirtió en rana.

Cansada, aburrida, triste y melancólica. Haciendo zapping entre una catarata de imágenes de de programas basura.

Pensando en todo. Pensando en nada.

Fue entonces cuando lo vi. Asomando sus pequeños y oscuros ojos por debajo del mueble bar, tanteando la situación. Me asusté. No. Me sorprendí.

Yo debería estar sola. Muy sola.

Que texto tan triste

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